Los medios de comunicación están obligados a cumplir con su misión de informar objetivamente y ser forjadores de paz y de progreso; sin embargo, los grandes grupos económicos representados, entre otros, por el diario El Tiempo, Caracol, RCN, El Colombiano de Medellín, y últimamente El Espectador, que también ha tenido que rectificar columnas tendenciosas - en buena parte, según su director, por culpa de la IA (Inteligencia Artificial) - vienen perdiendo audiencia y credibilidad. Con frecuencia, los periodistas se autocensuran por seguir sin cuestionamientos las órdenes de los propietarios, jefes o de quienes autorizan la pauta publicitaria.
Los grandes medios ni siquiera se han preguntado qué significa la muerte de compatriotas cuando Trump dice: “no estaban pescando sardinas”, expresión similar a la de un expresidente colombiano que decía: “no estarían recogiendo café” al referirse a campesinos que murieron en los mal llamados “falsos positivos”.
Preocupa que, en la gran prensa, expresidentes de la República, exceptuando a Ernesto Samper, con juiciosos análisis, no hayan rechazado el hostigamiento del mandatario estadounidense hacia nuestra Nación, ni hayan condenado el genocidio en Palestina perpetrado por el Estado de Israel en cabeza de Benjamín Netanyahu, ni hayan condenado la amenaza sobre nuestra hermana República de Venezuela. No es la hora de mirar para otro lado, mientras Trump y su camarilla violan flagrantemente el derecho internacional. Sin valorar los grandes esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico con 18.400 laboratorios destruidos, la incautación de miles de toneladas de cocaína y solamente aconsejado por la ultraderecha del imperio, el sionismo y traidores colombianos, Trump en actitud absolutamente injusta y prepotente descertificó a Colombia negándole recursos para ese fin; igualmente le anuló la visa e incluyó al presidente Petro en la extorsionadora Lista Clinton, junto con su esposa y el ministro del interior Armando Benedetti.
Aunque cincuenta representantes a la Cámara enviaron una carta a la embajada de Estados Unidos protestando por las expresiones agresivas de Trump en contra del presidente Petro y todos los Colombianos, el Congreso en pleno, debe exigir al imperio respeto absoluto por nuestra soberanía, la de Latinoamérica y del mundo entero porque incluso Estados Unidos pretende desatar nuevas guerras en Irán, Yemen, Canadá, Cuba, México y Panamá, además de provocar a China frente a Taiwan; desarrolla maniobras ofensivas en Asia Pacifico, en el Báltico, y continúa atizando junto con la Unión Europea la guerra a favor de Ucrania contra Rusia hasta con armas nucleares que dejan una herencia devastadora para la humanidad.
Pese a las amenazas de Estados Unidos con porta-aviones, submarinos, mercenarios, miles de marines, y la infame complicidad de personajes y gobiernos lacayos, la gran prensa no ha tomado una postura erguida para denunciar y detener la locura de Trump que ilegalmente y sin ninguna autoridad legítima pretende destruir la Patria Grande que con ingentes sacrificios nos legó el libertador Simón Bolívar y sus valientes guerreros.
El despliegue militar de los gringos y el aniquilamiento de embarcaciones con misiles en el Pacífico y Atlántico que supuestamente llevaban cocaína les ha costado la vida a 75 personas, que sin ningún proceso jurídico pudieron ser humildes pescadores que buscaban sustento para sus familias o traficantes de cocaína iguales de pobres que pretendían satisfacer el olfato y la codicia de los grandes magnates del polvo blanco que viven en Estados Unidos, en Europa o Dubái. En ningún caso, se les debió aplicar la pena capital; las acciones de los gringos fueron ejecuciones extrajudiciales que deben ser investigadas y sancionadas por las naciones afectadas y los mismos poderes del país del norte. La amenaza de Estados Unidos de invadir nuestra patria con el pretexto de acabar el narcotráfico es la respuesta imperial a la sumisión y dependencia vergonzosa de anteriores gobiernos. Es la “gratitud” por haberse apoderado de Panamá en 1903 en el gobierno conservador y pelele de José Manuel Marroquín. El presidente Petro en forma altiva ha señalado la lucha librada por Colombia contra el narcotráfico y el costo de vidas para evitar el consumo de narcótico en el mundo. Los gringos quieren aplicar el mismo libreto que impusieron en Irak cuando acusaron a su presidente Sadam Husein de poseer armas químicas; la intervención imperial le ha costado al pueblo laborioso de Irak, cuna de la humanidad, más de un millón de muertos. En Colombia se han incautado miles de toneladas de cocaína sin que haya de por medio asesinatos de ninguna naturaleza.
El verdadero objetivo de esta hostilidad, evidente desde el intento de golpe contra el presidente Chávez en 2002, es el control de los mayores yacimientos de petróleo del mundo, ubicados a pocas horas de su territorio en Venezuela, además del oro, sus "tierras raras" y su privilegiada posición geográfica. Narrativas como el "Cartel de los Soles", reiteradas sin cesar por noticieros que aún creen que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad, son solo eufemismos para justificar una posible invasión que dejaría heridas imborrables en toda la región. La incautación del buque petrolero en aguas del Caribe es otro vulgar acto de piratería contra Venezuela. Los gringos deben devolver inmediatamente a los tripulantes, la embarcación y el petróleo que pretenden apropiarse, no les ha sido suficiente el robo de activos y dos aviones de pasajeros para que ahora sin ninguna justificación perjudiquen al pueblo Venezolano
Esta conducta no es nueva. Según el científico norteamericano Carl Sagan, Estados Unidos ha perpetrado más de 130 invasiones e intervenciones armadas, ganándose el repudio de los pueblos libres: China (18 veces); México (13 veces); Nicaragua y Panamá (9 cada uno); Honduras (7 veces); Colombia y Turquía (6 en cada país); Republica Dominicana, Corea y Japón (5 veces cada una); Argentina, Cuba, Haití, Grenada; Puerto Rico, Brasil, Chile, Marruecos Egipto, Costa de Marfil, Siria, Irak, Perú, Libia, Filipinas, Camboya, Laos y Vietnam. Cualquiera puede ser la disculpa del imperio cuando se trata de arrogarse el derecho de invadir a una república independiente; lo importante para ellos es lo de siempre: mantener gobiernos sumisos y mediocres; proteger sus intereses, empobrecer y adueñarse de la riqueza de los pueblos sin medirse en la crueldad de sus fines. Sin la menor duda, los Estados Unidos pueden manipular la información, cuentan con armas sofisticadas; tecnología y poder económico; pero no tienen la moral, la autoridad, ni la ética que hace verdaderamente grande una nación.
Ni siquiera el 5% de la cocaína que se produce en el mundo pasa por Venezuela. El fentanilo que provoca más de cien mil muertos al año en Estados Unidos es lo que deben combatir con mayor fuerza las autoridades de Norteamérica, igual que a los grandes carteles de la droga enquistados en Miami, New York o Europa.
Los Estados Unidos “parecieran estar destinados por la providencia a sembrar el terror y la miseria a los pueblos en nombre de la democracia”, lo afirmaría hoy nuestro visionario Libertador Simón Bolívar luego de su grandiosa Carta de Jamaica en 1815. Concluye el Libertador con estas profundas reflexiones premonitorias y de aliento para todas las naciones del orbe: “Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos” (24 de marzo de 1814). “Dios concede la victoria a la constancia” (7 de septiembre de 1814). “Cualesquiera que sean los días que la Providencia me tenga aún destinados, todos hasta el último serán empleados en servicio de América” (8 de mayo de 1815). “La unidad en la guerra es la primera ventaja” (7 de octubre de 1821). “La libertad del mundo está dependiente de la salud de América” (15 de noviembre de 1824). “Contra los canallas pueden emplearse las armas que usan ellos mismos” (25 de julio de 1825). “… Mi corazón se hallará siempre en Caracas; allí debo rendirla y mis caraqueños serán siempre mis primeros compatriotas…” (26 de septiembre de 1825).
Estados Unidos presiona a Venezuela con 931 medidas coercitivas, falsas noticias, migración inducida, guerras psicológicas con el fin de dividir la población para crear temor y pérdida de valores en defensa de la Patria. Ahora en el colmo de la desfachatez, Estados Unidos cierra el espacio aéreo de Venezuela impidiendo las comunicaciones con el propósito de impedir el tránsito de aviones en su territorio. El presidente Petro con su característica dignidad afirma, “un espacio aéreo nacional no lo puede cerrar un presidente extranjero o se acabó el concepto de soberanía nacional y el concepto de derecho internacional”.
Luego de tan burdas amenazas del imperio, el presidente Nicolás Maduro Moros y su gobierno saldrán junto con Latinoamérica y el mundo más fuertes. La valiente resistencia vencerá a los guerreristas y seguidores de la nobel de la paz, María Corina Machado, cuyo premio fue otorgado por pedir la invasión a su patria. Qué vergüenza para el Reino de Noruega con semejante pifiada.
¡El triunfo de nuestra hermana nación, con la leal ayuda de potencias militares, Irán, Rusia y China, y la solidaridad de inmensa cantidad de Estados y gobiernos, será una oportunidad histórica para encontrar un cambio positivo y una mayor hermandad en el planeta!
