Basta con nacer y ya estás matriculado.

No hay uniformes ni pupitres asignados.

Y el año escolar, nunca termina.

Lo curioso es que, en esta Escuela, somos alumnos y Profesores.

Donde el gran maestro, es el tiempo: ese Profesor exigente, paciente y a veces severo. No avisa de los exámenes.

Un día te despiertas y ahí está el examen en el pupitre. Y si no has estudiado, no tiene sentido pedir un nuevo examen

Desde épocas muy remotas, la música ha jugado un papel importantísimo en la historia de la humanidad; culturas como los egipcios, chinos, mesopotámicos adicionaron a los rituales religiosos los ritmos musicales, para crear un lenguaje capaz de comunicarse con los dioses y dar a conocer “el sonido que surge del profundo silencio”. Los griegos concebían la música como un arte que contribuía a la educación del ser humano para encaminarlo al universo de la excelencia. Según Platón, en los diálogos Timeo y la República, la música es capaz de evadir a la razón y profundizar en lo más recóndito del ser, generando una gran influencia en la personalidad, porque: “Más que cualquier otra cosa, el ritmo y la armonía encuentran su camino hasta lo más íntimo del alma y se apoderan de ella con más fuerza. La música transportada por el aire se introduce a través del oído, que es la puerta de entrada al alma; luego el cerebro procesa la maravillosa sensación y finalmente es transmitida en el cuerpo a través de la sangre, para multiplicarse en cada órgano y finalmente reposar plácidamente en el alma”. Así lo manifiesta el filósofo griego.

Literaria

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