EDICIÓN • 218 JUNIO DE 2026
Desde épocas muy remotas, la música ha jugado un papel importantísimo en la historia de la humanidad; culturas como los egipcios, chinos, mesopotámicos adicionaron a los rituales religiosos los ritmos musicales, para crear un lenguaje capaz de comunicarse con los dioses y dar a conocer “el sonido que surge del profundo silencio”. Los griegos concebían la música como un arte que contribuía a la educación del ser humano para encaminarlo al universo de la excelencia. Según Platón, en los diálogos Timeo y la República, la música es capaz de evadir a la razón y profundizar en lo más recóndito del ser, generando una gran influencia en la personalidad, porque: “Más que cualquier otra cosa, el ritmo y la armonía encuentran su camino hasta lo más íntimo del alma y se apoderan de ella con más fuerza. La música transportada por el aire se introduce a través del oído, que es la puerta de entrada al alma; luego el cerebro procesa la maravillosa sensación y finalmente es transmitida en el cuerpo a través de la sangre, para multiplicarse en cada órgano y finalmente reposar plácidamente en el alma”. Así lo manifiesta el filósofo griego.
Jose´David Gómez Vergara

Cada vez que salgo al campo o me emociono escuchando coplas en la tienda de la esquina, me cercioro de que mucho nos falta por aprender de nuestros campesinos. Ellos, por ejemplo, nos enseñan a reír, a captar el sentido risueño de las circunstancias, a entender la gracia y la sal que tienen muchos detalles de la vida propia y ajena. Veo en la piel de algunos campesinos, la salud, la fortaleza, la juventud y creo firmemente que su ingrediente principal ha sido la alegría interior y el deseo de extraer a la vida sus mejores goces. Así, en medio de muchas necesidades materiales nos dan la lección de que la vida no es ni debe ser tan trascendente como para convertirla en tragedia interior. Qué gran diferencia encuentro entre la ciudad y el campo!
Sintamos pues su filosofía práctica:

Boyacá, la tierra de la independencia, aparte de ser un departamento de trigos, de frutas y de flores; de cumbres y de valles de niebla, es también un paisaje de canción; nuestros labriegos, arrieros, pescadores, mineros, tienen la extraordinaria inclinación a usar las metáforas más suaves y frescas. Basta irse uno cualquier domingo a alguna de nuestras tierras soleadas como Moniquirá, Soatá, Guateque, o las paramunas, tales como Chiquinquirá, Güicán, Chita, etc., y al calor de un guarapo “juerte” y al son fiestero de un tiple bohemio, se podrá escuchar con deleite esta bella manifestación folclórica. Veamos cómo la copla le sirve a todas las gentes del campo para expresar las más variadas formas de su sentir:


La pelea que en la novela tienen José Arcadio Buendía y Prudencio Aguilar tiene también connotaciones eróticas. El esposo de Úrsula Iguarán mató a su compadre Prudencio Aguilar atravesándole la garganta con una lanza. Ocurrió porque en una riña de gallos el ejemplar de José Arcadio venció al de Prudencio Aguilar. Fue la tarde de un domingo. Al ver a su animal muerto, Prudencio Aguilar le gritó: “A ver si por fin ese fallo le hace el favor a tu mujer”. José Arcadio Buendía respondió en tono calmado: “Vuelvo enseguida”.

EN 1954 VINO A BELENCITO , NOBSA , COMO PERIODISTA DEL PERIODICO EL ESPECTADOR. A LA INAUGURACION DE ACERIAS PAZ DEL RIO Belencito, una ciudad a marchas forzadas. Una ciudad moderna construida en ocho años. La fiesta de Francia se celebra en Belencito como en París. Golpes de terquedad. Siete mil hombres alrededor de un horno. 500 toneladas de hierro en un día. La Calle Francesa. Del buey a la locomotora.
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