Desde épocas muy remotas, la música ha jugado un papel importantísimo en la historia de la humanidad; culturas como los egipcios, chinos, mesopotámicos adicionaron a los rituales religiosos los ritmos musicales, para crear un lenguaje capaz de comunicarse con los dioses y dar a conocer “el sonido que surge del profundo silencio”. Los griegos concebían la música como un arte que contribuía a la educación del ser humano para encaminarlo al universo de la excelencia. Según Platón, en los diálogos Timeo y la República, la música es capaz de evadir a la razón y profundizar en lo más recóndito del ser, generando una gran influencia en la personalidad, porque: “Más que cualquier otra cosa, el ritmo y la armonía encuentran su camino hasta lo más íntimo del alma y se apoderan de ella con más fuerza. La música transportada por el aire se introduce a través del oído, que es la puerta de entrada al alma; luego el cerebro procesa la maravillosa sensación y finalmente es transmitida en el cuerpo a través de la sangre, para multiplicarse en cada órgano y finalmente reposar plácidamente en el alma”. Así lo manifiesta el filósofo griego.

En la edad media, Santo Tomás manifestó: “la música es la más noble de las ciencias humanas, cada uno debe procurar aprenderla con preferencia a los demás, ocupa el primer lugar entre las artes libres”. En el renacimiento, la música fue fundamental en el proceso investigativo de la cultura, tenía un valor ético, un valor social y un valor significativamente religioso en la búsqueda de la más clara percepción del ser humano y la imitación de la naturaleza en palabras de algunos pensadores. Filósofos de la modernidad, entre ellos Emmanuel Kant, catalogaron la música como un elemento esencial de la razón, Georg Friedrich Hegel la entiende como una manifestación de lo material espiritualizado en el arte, teniendo el sonido como parte esencial y alimento de los valores humanos. El sentido de las formas musicales, su relación con los fenómenos, históricos, sociales, y manifestaciones de mayor profundidad en el alma son el tema esencial del libro: Armonías- Antología de relatos musicales, del escritor Germán Peñuela Rodríguez, quién en la presente obra da a conocer diferentes épocas donde la música culta, la música popular, los instrumentos musicales, son abordados desde la perspectiva del género narrativo.

La presente colección de relatos invita al lector a un viaje melódico. Las historias aquí contadas están entrelazadas con el universo de la música, entrelazadas con las emociones cuyo objetivo esencial es enriquecer la comprensión del mundo y la relación de este con la existencia. La música trasciende las barreras de lo sublime y permite una comunicación emocional profunda, el libro abarca variedad de géneros como el Jazz, el blues, el rock, la música clásica, canción protesta, la salsa, el son cubano, la carranga, el cante jondo y una mención especial de instrumentos musicales como el koto, el piano, la tinya, el sitar, el violín, la guitarra, el Djembe, el bandoneón, la lira. Al interior de las páginas desfilan personajes como Nerón, Henry Purcell, Antonio Vivaldi, Ludwig van Beethoven, Wolfgang Amadeus Mozart, Diego Ortiz, Antonio Salieri, Jimi Hendrix, Joan Báez, Jim Morrison, Bob Dylan, Janis Joplin, Lou Reed, The Beatles, The Rolling Stones, Bill Lynn, Raví Shankar, Louis Armstrong, Robert Jonhson, Nina Simone, Edith Piaf, Facundo Cabral, Chicho Ferlosio, Astor Piazzola, Pablus Gallinazus, Jorge Veloza, Rubén Blades entre otros.

Armonías, Antología de relatos musicales, anima al lector a leer los relatos, a sentir la música que suena entre las palabras. El libro es producto de la afición del autor al arte musical, como coleccionista, estudioso y algunas veces crítico, afición que lo ha llevado a escribir artículos de apreciación musical publicados en revistas y periódicos de difusión cultural en algunas universidades del país.

Para plasmar finalmente esta obra, el autor ha estado dedicado a la investigación, ejercicio constante que ha marcado su carrera como escritor. Los relatos musicales diseminados en sus libros anteriores son tomados de las siguientes obras: De encantos y desencantos, Mujeres y mariposas, Trazos al óleo, Los años 60 y la búsqueda de las utopías, Bogourbanikón, Madonna della Rovere y otros desempolvados recientemente, han sido producto de escarbar documentos, ahondar en la lectura, para así poder edificar las historias en diferentes épocas. Los personajes como sustancia constitutiva de esta obra han sido la enseñanza fundamental de este ejercicio literario, de esta nueva aventura, que evidencia un contexto musical desde la concepción de la música culta hasta la música popular.

El objetivo principal a lo largo de la presente obra ha sido identificar y exponer la odisea del ser humano al recorrer el camino de la trascendencia, ha sido atrapar las historias en una telaraña literaria que evidencia historias ricas en vivencias personales, cuyo mayor logro de alguna manera es dejar huella en la cultura, todo sumado a intereses y apetencias en distintas épocas del desarrollo cultural de esa criatura chillona, inquieta y maravillosa que es el hombre, tras la búsqueda de un sueño.

Nuevamente, estimado lector, y como en mis obras anteriores, invito a los futuros lectores a que consulten “el tablero de mandos”, el cual aborda los diferentes personajes posicionados en el tiempo y el espacio, porque la música anexada al universo literario es un ejercicio fascinante que genera polémica, sensibilidad y sobre todo enriquecimiento cultural. Mi mayor deseo es que Armonías, Antología de relatos musicales, cumpla con esta premisa, porque la lectura, unifica, divide, permite establecer múltiples interpretaciones; estas páginas así lo evidencian.

Los sujetos, como en todo ciclo: nacen, se reproducen y mueren, pero aquí lo que se aborda son los seres que han dejado huella, los seres que han corrido el telón y han sobresalido para no ser uno más del montón; entonces queda por siempre la literatura y, en este caso, la música. La humanidad hurga en el intríngulis del conocimiento; algunos se han olvidado de la esencia de la vida misma, simplemente nacieron para vivir. Muy respetable esa posición, la verdad; así como lo percibo, es mejor reajustar la perspectiva diaria para que no reine la incoherencia y los personajes que siempre hicieron la diferencia reafirmen su lugar en la historia. Ojalá estas líneas contribuyan a cumplir ese cometido.

 Germán Peñuela Rodríguez.

 

Literaria

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