Basta con nacer y ya estás matriculado.

No hay uniformes ni pupitres asignados.

Y el año escolar, nunca termina.

Lo curioso es que, en esta Escuela, somos alumnos y Profesores.

Donde el gran maestro, es el tiempo: ese Profesor exigente, paciente y a veces severo. No avisa de los exámenes.

Un día te despiertas y ahí está el examen en el pupitre. Y si no has estudiado, no tiene sentido pedir un nuevo examen

Algunas materias son fáciles:

* El amor,

* La amistad,

* La alegría.

Otras requieren más esfuerzo:

* La paciencia,

* La tolerancia,

* El perdón.

También hay materias que preferiríamos NO cursar:

* el dolor,

* la pérdida,

* la soledad.

*

Pero es a través de ellas que el aprendizaje se profundiza.

El Director de la Escuela (muchos llamamos DIOS) tiene una forma muy particular de preparar las clases.

A veces enseña desde el cariño; otras, desde la dificultad.

Y así acumulamos calificaciones, sin una boleta impresa, pero con un registro invisible en nuestros corazones.

En el conflicto, aprendemos a valorar la paz.

En la escasez, descubrimos lo suficiente.

Al presenciar la injusticia, practicamos la empatía.

Y en la vida diaria, aprendemos el difícil arte de AMAR AL PRÓJIMO, un Curso, que algunos repiten durante años, sin llegar a dominarlo.

En esta Escuela, No hay vacaciones.

No suena la campana para terminar el día.

Cada día es una nueva lección.

Y quizás, el Diploma final sea la serenidad de mirar atrás y decir:

Aprendí!.

Cometí errores, pero aprendí!

Vive esta lección hasta el último capítulo.

AUTOR: Tú y nadie más que tú.

Literaria

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