Por Gustavo Melo Barrera

Mientras la oposición afina sus discursos con tono dramático y frases de catástrofe, las cifras económicas bajo el gobierno de Gustavo Petro avanzan como trapeador en pasillo de mitos. Lo que llamaron “revolución improvisada” terminó despejando telarañas fiscales y entregando resultados que avergüenzan a más de un economista acartonado. Y sí, entre esos, el exministro José Manuel Restrepo, que hoy parece dedicarse más a la predicción apocalíptica que a la interpretación técnica.

Menos inflación, más inversión, y una deuda pública bajo control.

Las cifras del DANE y del Banco de la República no son poemas del Pacto Histórico: son datos duros que desmienten los editoriales angustiosos y las gráficas forzadas de la oposición. El país, lejos de colapsar, estabilizó precios, atrajo inversión extranjera en sectores clave, y mostró reducción en la pobreza multidimensional.

 

El crecimiento del PIB —aunque modesto— se mantuvo en verde, desafiando el escenario global adverso. ¿Y la caída del desempleo? Silenciada por quienes antes gritaban por cualquier décima de subida. La reforma tributaria, que fue tachada de “terror fiscal”, terminó fortaleciendo ingresos sin incendiar el tejido empresarial. Aquí no se improvisó: se reordenó.

¿Y quién entiende la economía mejor que Petro?

Tal vez sus detractores aún no han leído más allá del titular. Porque si algo ha dejado claro este gobierno es que la macroeconomía no se maneja con titulares ni alarmas mediáticas. Se gobierna con datos, con política fiscal pragmática, y con una visión que mezcla redistribución con responsabilidad.

Restrepo y otros analistas del “desastre que nunca llegó” se ven ahora atrapados en su propio relato. Criticaban sin margen técnico, y ahora deben justificar cómo las cifras contradicen sus predicciones. ¿Qué hacen? Reinterpretan. Ajustan el lente. O simplemente dicen que “no es suficiente”. Pero cuando el argumento se les cae, el ego económico se convierte en artículo de fe.

La oposición habla de riesgo institucional, pero las calificadoras internacionales mantienen el pulso financiero colombiano estable. Hablan de fuga de inversión, mientras llegan capitales en transición energética y emprendimiento digital. Critican el gasto público, mientras la regla fiscal se cumple y se invierte en protección social.

Este gobierno no destruyó la economía. La desmitificó.

Y como cereza del pastel, Petro se pasea por foros internacionales—de París a Davos—dejando en evidencia que el populismo no está reñido con la solvencia técnica. Mientras lo acusan de incendiar el país, en escenarios globales lo escuchan, lo citan, y en algunos casos… lo siguen.

Porque sí, en Colombia Petro incendia —pero en el mundo, da cátedra.   Economía en modo trapeador: Petro da cifras, la oposición da pena

Por Gustavo Melo Barrera - Política Económica

Mientras la oposición afina sus discursos con tono dramático y frases de catástrofe, las cifras económicas bajo el gobierno de Gustavo Petro avanzan como trapeador en pasillo de mitos. Lo que llamaron “revolución improvisada” terminó despejando telarañas fiscales y entregando resultados que avergüenzan a más de un economista acartonado. Y sí, entre esos, el exministro José Manuel Restrepo, que hoy parece dedicarse más a la predicción apocalíptica que a la interpretación técnica.

Menos inflación, más inversión, y una deuda pública bajo control.

Las cifras del DANE y del Banco de la República no son poemas del Pacto Histórico: son datos duros que desmienten los editoriales angustiosos y las gráficas forzadas de la oposición. El país, lejos de colapsar, estabilizó precios, atrajo inversión extranjera en sectores clave, y mostró reducción en la pobreza multidimensional.

El crecimiento del PIB —aunque modesto— se mantuvo en verde, desafiando el escenario global adverso. ¿Y la caída del desempleo? Silenciada por quienes antes gritaban por cualquier décima de subida. La reforma tributaria, que fue tachada de “terror fiscal”, terminó fortaleciendo ingresos sin incendiar el tejido empresarial. Aquí no se improvisó: se reordenó.

¿Y quién entiende la economía mejor que Petro?

Tal vez sus detractores aún no han leído más allá del titular. Porque si algo ha dejado claro este gobierno es que la macroeconomía no se maneja con titulares ni alarmas mediáticas. Se gobierna con datos, con política fiscal pragmática, y con una visión que mezcla redistribución con responsabilidad.

Restrepo y otros analistas del “desastre que nunca llegó” se ven ahora atrapados en su propio relato. Criticaban sin margen técnico, y ahora deben justificar cómo las cifras contradicen sus predicciones. ¿Qué hacen? Reinterpretan. Ajustan el lente. O simplemente dicen que “no es suficiente”. Pero cuando el argumento se les cae, el ego económico se convierte en artículo de fe.

La oposición habla de riesgo institucional, pero las calificadoras internacionales mantienen el pulso financiero colombiano estable. Hablan de fuga de inversión, mientras llegan capitales en transición energética y emprendimiento digital. Critican el gasto público, mientras la regla fiscal se cumple y se invierte en protección social.

Este gobierno no destruyó la economía. La desmitificó.

Y como cereza del pastel, Petro se pasea por foros internacionales—de París a Davos—dejando en evidencia que el populismo no está reñido con la solvencia técnica. Mientras lo acusan de incendiar el país, en escenarios globales lo escuchan, lo citan, y en algunos casos… lo siguen.

Porque sí, en Colombia Petro incendia —pero en el mundo, da cátedra.

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