Jose´David Gómez Vergara

Cada vez que salgo al campo o me emociono escuchando coplas en la tienda de la esquina, me cercioro de que mucho nos falta por aprender de nuestros campesinos. Ellos, por ejemplo, nos enseñan a reír, a captar el sentido risueño de las circunstancias, a entender la gracia y la sal que tienen muchos detalles de la vida propia y ajena. Veo en la piel de algunos campesinos, la salud, la fortaleza, la juventud y creo firmemente que su ingrediente principal ha sido la alegría interior y el deseo de extraer a la vida sus mejores goces. Así, en medio de muchas necesidades materiales nos dan la lección de que la vida no es ni debe ser tan trascendente como para convertirla en tragedia interior. Qué gran diferencia encuentro entre la ciudad y el campo!
Sintamos pues su filosofía práctica:

Boyacá, la tierra de la independencia, aparte de ser un departamento de trigos, de frutas y de flores; de cumbres y de valles de niebla, es también un paisaje de canción; nuestros labriegos, arrieros, pescadores, mineros, tienen la extraordinaria inclinación a usar las metáforas más suaves y frescas. Basta irse uno cualquier domingo a alguna de nuestras tierras soleadas como Moniquirá, Soatá, Guateque, o las paramunas, tales como Chiquinquirá, Güicán, Chita, etc., y al calor de un guarapo “juerte” y al son fiestero de un tiple bohemio, se podrá escuchar con deleite esta bella manifestación folclórica. Veamos cómo la copla le sirve a todas las gentes del campo para expresar las más variadas formas de su sentir:

En momentos en que la existencia se le hace al boyacense una broma pesada, asume una posición de escepticismo, de olvido a su pobreza material y agarra los cuatro versos de la copla para enseñarnos el calmante de sus penas.

El humor, la malicia, el amor del boyacense se expresan en coplas henchidas de vivacidad. Nuestros campesinos, sin complicarse la vida, sin imitaciones ni hipocresías, ni enseñoreamientos, van construyendo en giros de su abundante jerga, la oración que necesitan:

Y la mentalidad simplista tan nombrada en esta tierra. Aunque narren hechos que no tienen concordancia entre sí, nos muestran la socarronería y la gracia de su lenguaje popular típico.

Las coplas “cojas” modifican la acentuación silábica de las últimas palabras de cada verso. El contenido del mensaje que trae la copla varía entre lo descriptivo, lo amoroso, lo religioso, lo humorístico, pero siempre asistido por una gracia íntima que es esencial en este patrimonio colectivo.

Al lado de los dichos populares, refranes, comparaciones, exageraciones, adivinanzas, retahílas, acertijos que hacen parte valiosa de la literatura oral, encontramos que en muchas cantas o coplas típicas, su motivación básica está en el canto, así como las antiguas “cantatas” lo fueron, o las “tocatas” para ser tocadas.

Muy meritoria fue la labor en el campo del folclor de los inolvidables humanistas Max Gómez Vergara y Julio Roberto Galindo, autor de la mayoría de las poesías costumbristas del Indio Rómulo. Igualmente del Presidente de la Academia Boyacense de Historia, doctor Javier Ocampo López y Cecilia Jiménez de Suárez, “Adeizagá” quienes vienen enriqueciendo la producción literaria mediante el estudio y la recopilación de esta espontánea inspiración del pueblo. También hay un valioso grupo inédito de investigadores que por fortuna vienen recogiendo tesoneramente el continuo fluir de las fuentes populares.

