
Pasó un maestro construyendo fantasías,
llevando en sus deseos un manantial de ilusiones.
Paso el maestro desojando margaritas,
construyendo versos, atrapando estrellas
creando lunas y amasando amaneceres.
Paso el maestro con sus bolsillos de ilusiones,
dejando en cada paso, apenas una huella
que será borrada con la suave brisa
de los constantes olvidos.
Pasó el maestro recogiendo las cenizas
de las ilusiones perdidas,
de las luchas traicionadas,
de los recuerdos atados con el cordón de los zapatos.
Paso el maestro con sus mensajes desgranados
con sus cabellos blancos y su alma atada
a la telaraña de gotas de rocío,
que el sol naciente volverá una nube
para dejar volar sus pensamientos
a las etéreas alturas de su mundo desgarrado.
Pasó el maestro...
Luis Alfonso Espinosa
