
En una época en la que el estrés, la ansiedad y el agotamiento parecen formar parte de la rutina diaria, todavía existen personas que han decidido dedicar su vida a aliviar el sufrimiento humano desde una perspectiva diferente. Ese es el caso de la Dra. Marta Rivero, acupunturista y estudiosa del conocimiento ancestral chino, y quien desde hace 43 años ha hecho de su consulta un espacio donde la ciencia milenaria de Oriente dialoga con las necesidades del hombre moderno.
La medicina oriental en general hace un gran énfasis en la prevención. El paciente además, se hace responsable también de su autocuidado y participa del proceso. Para quienes la conocen bien, Marta no se limita a “aplicar agujas”. Cada consulta co-mienza con una conversación, una observación cuidadosa y una comprensión inte-gral de la persona. Su filosofía parte de un principio sencillo: el cuerpo posee una extraordinaria capacidad de recuperar el equilibrio cuando recibe el estímulo ade-cuado.
La acupuntura busca restablecer la armonía del organismo mediante la estimulación de puntos específicos del cuerpo (resonadores). Es reconocida por millones de personas alrededor del mundo y es estudiada cada vez con mayor interés por la comu-nidad científica. En Rusia, donde estudio, la Dra Rivero se dio cuenta que los hospitales incluyen este servicio. Muchos pacientes acuden buscando alivio para dolores musculares, migrañas, trastornos del sueño, estrés o problemas derivados de la tensión cotidiana.
Sin embargo, quienes han compartido tiempo con Marta afirman que su mayor aporte va mucho más allá del tratamiento físico. Su secreta pasión consiste en acer-car a las personas al inmenso legado filosófico y terapéutico de la antigua China.
En sus conversaciones aparecen con frecuencia conceptos como el equilibrio entre el Yin y el Yang, la circulación del Qi —la energía vital— y la importancia de culti-var una vida más consciente, serena y armónica. Para ella, la salud no consiste úni-camente en la ausencia de enfermedad, sino en aprender a vivir en equilibrio consi-go mismo, con los demás y con la vida y la naturaleza toda.
"Cuando comprendemos que el cuerpo, la mente y las emociones forman una sola unidad, empezamos a sanar de una manera mucho más profunda", suele explicar a quienes llegan por primera vez a su consulta.
Ese compromiso con el servicio ha hecho que numerosas personas la recomienden no solamente por sus conocimientos técnicos, sino también por su trato humano, su paciencia y su disposición permanente para enseñar.
Vivimos en una sociedad que con frecuencia busca soluciones inmediatas. Marta propone algo distinto: recuperar la sabiduría que durante miles de años ha acompa-ñado a la civilización china y que continúa ofreciendo herramientas para mejorar la calidad de vida de las personas. Además de atender a sus pacientes, la Dra. Martha hace parte de la Escuela Neijing, de formación para médicos acupunturistas, y con sede en 53 países. Allí enseñan y hacen investigación.
